lunes, 10 de septiembre de 2012

INSOMNIO


Una noche de insomnio,
una noche sin descanso.
Una noche sin silencio,
una noche de espanto.

La luz del día se ha ido
junto con la esperanza.
Aún ella ha huido,
y ahora el reloj ya no avanza.

Es esta habitación en la cual se encuentra mi mente
la que me aprisiona.
En las venas la sangre hierve
y cada vez más el corazón se desilusiona.

Afuera, el mundo de los errantes,
de los que creen tener ojos, de los que creen tener poder.
De los que creen ser duros como diamantes,
mas que solo son para su cazador un placer.

Los que cruzan un camino que no lleva a nada.
Los que atesoran para perder todo.
Los que dicen ser humanos a su semejante matan con espada.
Los que serán devorados por aquel lobo.

Estos, quienes no conocen el sufrir,
han de saber lo que ello es.
Cuando el cielo se cubra de gris,
esa señal hará su sangre correr.

Esta noche,
al salir con arma letal en la mano,
sin reproche
el hombre será acabado.

El viento sopla y da la señal.
El sol se apaga y deja saber
que cerca está del malvado su final
y que su falsa soberbia no debe prevalecer.

El justiciero presto está.
El justiciero sin piedad.
Todos han de ver las luces de la ciudad,
por última vez brillar.

En mi mano sostengo mi corazón.
En mi mente constante ella está.
Fría se torna mi habitación.
El insomnio vuelve a atacar.

La luna llena a través de la ventana.
El hombre se vuelve monstruo.
Su hambre no le permite la calma,
y de los cuerpos errantes desea  hacer destrozo.

Uno a uno caerán.
Uno a uno, sus ojos ya no mirarán.
Uno a uno, sus brazos no golpearán.
Uno a uno, sus mentes ya no destruirán.

Noches de insomnio,
noches de desvelo.
Espera tú, a la luna y su testimonio.
Espera tú, afuera, espera tu desconsuelo.

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