Un negro vestido,
un negro despertar.
Una oscura sonrisa,
una oscura realidad.
Polvo en el rostro,
húmedo corazón,
en lo profundo del pozo
embarga una gran desilusión.
Las campanadas que llaman
al alma que vaga
se oyen cada vez más y más lejos
y en el pecho se clava una daga.
En la habitación
que lentamente se llena de silencio,
solo hay desolación
y suplicio.
Las palabras se acaban
mas el pesar no.
Las tumbas se cavan
para recibir a quien su alma perdió.
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