domingo, 18 de julio de 2010

UNA MAÑANA INESPERADA

Él despertó y tuvo una extraña sensación. Da algunas vueltas en su cama, frota sus ojos y luego estira sus brazos. Se dirige hacia su baño lentamente y abre la puerta. Hasta este momento no había nada extraño, pero jamás esperó que sucediera lo que estaba a punto de pasar. Se miró al espejo y tuvo un gran sobresalto, un gran miedo; quedó paralizado ante su imagen en el espejo. Sus brazos, su ropa y rostro estaban cubiertos de sangre. Horrorizado buscó en su cuerpo alguna herida, pero no había nada. Con gran desesperación intentó limpiar la sangre (desapareció de un modo extraño) y volvió a su habitación. En una esquina, tirado en el suelo, piensa que fue lo que sucedió, mas no encuentra ni una sola idea que se lo aclare. No recuerda qué pasó el día anterior.
La mañana avanza (era un día muy oscuro) y cierto tiempo después de estar buscando una respuesta, él está un poco más calmado, así que se levantó y fue hacia la cocina para comer algo. Al bajar las escaleras seguía pensando; siente que lo siguen, tuvo una reacción inmediata de voltear, pero no había nada ni nadie. Aunque la sensación persistió no le tomó mucha importancia. Termina de descender las escaleras. Las respuestas que estaba buscando están a punto de aparecer, pero de una manera demasiado escalofriante e inesperada. Al dirigirse hacia la cocina miró bajo la puerta que da al jardín y por debajo de ella corría un líquido del cual no pudo observar bien su color (el miedo nubla su vista). Al abrir la puerta lentamente hay..... un rastro de sangre. La desesperación volvió a él y con gran temor siguió el rastro.
Él no puede entender por qué hay cosas que sólo a él le suceden, y unas tan extrañas, que sólo le hacen sentir más confundido y con menos esperanza en algo mejor. Lo que pasaba era inaudito, imposible. Al final del rastro de sangre yacía un cuerpo, pero lo que él jamás pensó al verlo era que se daría cuenta que era.... ¡¡ÉL!! Con gran espanto gritó (el eco de su voz quedó en la casa) , tomó su cabeza y corrió. Luego de varias horas de horror tirado en el piso de la sala, armado de valor, fue a ver el cuerpo, mejor dicho, a ver su cuerpo. Cosas inexplicables las que sucedieron. Trató de tocar el cuerpo tirado, mas no pudo. Su mano pasó a través de él como si estuviera tratando de tocar un espíritu, un alma...., su alma. También pudo notar que había gran cantidad de cuchillos alrededor del cuerpo, del mismo modo, intentó tomarlos, pero no pudo. Lo único que puedo hacer fue observar que tenían algo escrito. No eran marcas, o algo bueno, sino acciones que no pueden tener una buena retribución, dolor, maldiciones, muerte, pecados.
Escucha que alguien está llegando a la casa, no supo qué hacer y le sobrevino un gran temor. Gira y da algunos pasos para poder observar qué tan cerca está quien viene y cuando retorna hacia el cuerpo.... ya no había nada, ni sangre, ni cuchillos.
Ese fue un día muy largo y de muchas situaciones incomprensibles y atemorizantes. Tan sólo quería ir a su cama y descansar. Exhausto, horrorizado y pensativo cayó sobre su lecho, cerró sus ojos y fugazmente vio su imagen con la sangre y los cuchillos. Inmediatamente se levantó, esperó algunas segundos, se volvió a acostar y ahora, escuchó una risa burlista, por suerte para él, muy rápido se dejó de escuchar.
Pronto se pudo dormir, mas ahora cada noche se ve tirado alrededor de toda aquella sangre y de las armas letales y luego de todo ello también la risa suena y siempre le acompaña.

2 comentarios:

  1. Tu pluma llena mis expectativas en cuanto a la escritura, muy bien George me encantó la hitoria.
    No olvides que te sigo de cerca, muy cerca cada vez más cerca, hasta donde quieras.

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  2. Gracias por tus comentarios, mi deseo es que me sigas, tus pasos no atrás de los míos, sino al lado!!!

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